A simple vista, Piedra parece un power trío convencional. Desde sus fotos promocionales al arte de sus trabajos, incluso en los títulos de sus canciones. Y a una primera escucha, quizás, esta opinión se mantenga. Sin embargo, al poner atención en los pequeños detalles, empieza a quedar de manifiesto que sus autores no responden a los cánones del género al pie de la letra.
Editado a través de Incendiario Discos, sello del que son co-fundadores, “Una Piedra Resiste en Mi Lugar” muestra a una banda con un fiato innegable. Los años tocando juntos (desde que fueran conocidos como Convidado de Piedra, allá por el 2003) quedan en evidencia cuando ‘Ciudad’ abre esta travesía de 35 minutos a través de lugares y momentos con un inevitable dejo personal.
Y ahí donde la química es un elemento imprescindible para hacer un buen álbum, igual de importante es el trabajo de los responsables de su sonido. Ángelo y Daniel Pierattini estuvieron a cargo de la grabación, mezcla y masterización, y el oficio se les nota. Registrar los instrumentos por separado ya es un recurso estándar, pero ellos optaron por que la banda tocara “en vivo” y al mismo tiempo. Una movida en que el sonido ganó cohesión y calidez, además del siempre importante factor humano.
Llama la atención desde el comienzo lo breves que son los temas de esta producción, casi todos rondando el territorio de los tres minutos. Y luego, con la placa ya sonando, lo inusual es cuán bien resueltas están las canciones. Nunca se sienten apuradas o incompletas. Todas desarrollan una idea completa, tanto en música como en letra, dando tiempo hasta a solos de guitarra que, en momentos como ‘Nada Que Hablar’, se vuelven fundamentales para resolver el todo.
Pero es en las melodías que este trabajo se vuelve menos común y más interesante. En el coqueteo constante con el hard rock de riffs en vez de los clásicos versos de cuatro acordes, donde su cohesión paga dividendos y nunca hace que se extrañe una segunda guitarra. ‘Últimas Cosas’ y el track que da nombre a este álbum suenan como si pusieras a Silverchair (otro trío) en versión 1999 a rockear en el desierto: sólidos, intensos, sin abusar de los efectos, dejando que la melodía y los arreglos cuenten la historia.
Pueden parecer detalles pequeños. Pero conseguirlos todos con éxitos es un logro que no muchas triadas consiguen, y cuyo mérito merece ser repartido a partes iguales entre todos los responsables. Felipe Alegría (guitarra y voz), Rodrigo Carvajal (bajo y voz) y Sebastián Fuentes (batería) se despacharon un sólido segundo disco, donde la falta de clichés es la mayor fortaleza.
Publicado en Rockaxis.com, el 25 de noviembre de 2011
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