La era digital en que vivimos hace rato cambió las reglas del juego. El “hazlo tú mismo” ya pasó a ser “hazlo tú mismo cuántas veces quieras hasta que suene perfecto”. Los infinitos toques y retoques posibles a través de los múltiples programas de edición disponibles permiten sonidos limpios, efectos simulados y da rienda suelta al perfeccionismo de los músicos, quienes pueden obsesionarse cuanto quieran con los pequeños detalles, una y otra vez.
De la mano de todos estos elementos, es natural que una buena parte de los discos disponibles en el mercado -en especial cuando hablamos de rock- hayan perdido dos elementos fundamentales: humanidad e inmediatez. Dos características que Sebastián Orellana (voz y guitarra) e Iván Molina (batería), ahora juntos como La Big Rabia, tienen de sobra.
Aquí, una idea encontró su momento ideal para surgir como una tromba cuando todo coincidió en el momento apropiado. Las ganas de Alejandro “Perrosky” Gómez (uno de los tres productores de esta placa, junto a su hermano Álvaro y Felipe Ruz, el otro tercio de Philipina Bitch) de grabar en cuatro pistas. El legítimo interés de los amigos que terminaron siendo colaboradores. Las frustraciones reales de Orellana, tanto personales como a nivel país. La necesidad de Molina de hacer música urgente, contingente -no contestataria- y directa. La posibilidad de ver a Grinderman (una fuerte inspiración para este proyecto) en la edición 2011 del festival español Primavera Sound.
Lo bueno y lo malo se encontraron y dieron forma a “La Bestia”. Un álbum cuyas influencias pueden ser apuntadas con el dedo sin problemas. PJ Harvey, Jon Spencer, el ya mencionado proyecto de Nick Cave, Sandro. Los mismos Perrosky, incluso. Éste no es un trabajo complejo e indescifrable: es un libro abierto. Los referentes, las motivaciones, todo está a la vista, desde el ‘Nuevo Discurso Rabioso’ que abre esta obra hasta ‘Hazlo Bien’, un tema plagado de cinismo en todos sus versos.
Ése es uno de los mantras fundamentales de este trabajo: el cinismo. Aquí no hay metáforas de ensueño, mensajes entre líneas ni gestos de fe. Éste es un manifiesto de disconformidad generalizada teñido de rock y blues. Una invitación urgente a moverse, a hacer algo, lo que sea, con tal de no quedarse quieto. Puede ser difícil creer que un dúo logre tal cosa, pero una oída a estos ocho cortes de hastío desencantado disipa cualquier duda. No se malentienda: esto no es canción protesta ni nada por el estilo. Esto es rock, urgente y visceral. Es rabia pura y dura. Y, de paso, es uno de los discos chilenos del año.
Publicado en Rockaxis.com, el 18 de noviembre de 2011
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