jueves, 17 de junio de 2010

La Reina Morsa: Bienvenido a la Jungla


Tres palabras y un nombre que suenan cada vez más en el circuito chilensis. De dúo a trío, y ahora como quinteto, éste es un proyecto nacido de la catarsis y el entusiasmo. De la necesidad de hacer música, sin categorías, compromisos ni métodos convencionales. Un animal que busca rascarse con sus propias uñas.

Todo partió como una broma. El día en que Victoria Cordero (20) y Juan Fernando Rubilar (21) subieron a Internet sus composiciones, grabaciones precarias registradas en sencillos reproductores de mp3s. Era mayo o junio del 2009. Ella tocaba en Los Cosmonautas, él en Los Delis, y este puñado de temas no calzaba con lo que hacían sus bandas. Tomaron una hoja de papel con una lista de nombres y escogieron el que creían menos malo.

Casi un año después, con Bob Marley sonando de fondo mientras Leo Saavedra (25) le hace cirugía de urgencia a una guitarra eléctrica, Victoria y Juan Fernando recuerdan ese momento. Se conocieron el 2008. Ella, recién llegada desde Punta Arenas; él, desde Los Ángeles. Ambos bajistas, ambos con algunas canciones propias. “Nos hinchábamos con que deberíamos tocar juntos y nos reíamos”, dice la vocalista con una sonrisa perenne. “Y fue un arranque de un día, en verdad. MySpace tiene la culpa”.

El detalle de sus ciudades de origen no es menor, pero interpretan su influencia más allá de los clichés. “Sí, se ve un poco en las canciones, la añoranza de la tranquilidad. Pero también, en nuestra forma de trabajar, le dedicamos mucho cariño a lo que hacemos”, afirma ella, mientras Rubilar asiente con la cabeza y continúa la idea.

“También pasa que el músico de regiones, que se instala en Santiago, tiene un instinto de supervivencia distinto. Si le va mal, se tiene que volver”. Según Victoria, existe una creciente reticencia en los artistas de provincias por probar suerte en la capital: “llegas aquí y hay un millón de bandas que suenan como la tuya, en la radio y en escenarios más grandes. Hay mucha competencia, es como llegar a la jungla. Welcome to the Jungle: tienes que valerte por tus propios medios, nomás”.

Así lo hicieron ellos. Primero solos, y ahora de la mano del sello Cazador, La Reina Morsa siempre ha sido un proyecto autogestionado, sin manager ni estudios de grabación. Por lo mismo, las expectativas son muy honestas. “Esto ha salido a flote mucho más de lo que pensábamos. Nuestro ánimo de trabajo era grabar en la casa, y si tocábamos, bacán. Todo ha sido espontáneo”. Para Victoria es un asunto simple: “si tenemos sello, bien. Si no, no importa. Y no nos interesa sonar. No es una postura anti todo, sino que tratamos de ser realistas. Exagerando, incluso, para no caernos después”.

En un mundo en que grupos nacen y mueren todos los días, ellos no quieren caer en esa lista. Mucho menos ahora, tras encontrar la combinación de factores que los satisface. “Cuando ya armamos la banda completa, con Leo y dos amigos más (Felipe Castro y Boris Ramírez), fue a fines del año pasado. Ahí agarramos sonido, arreglamos los temas como queríamos”, cuenta Fernando.

Es precisamente por esos días que lanzan su primera producción, el EP Fiesta Pequeña. Tres temas que, en sus palabras, tienen “un poco de todo. Son un híbrido entre lo que había cuando empezamos los dos y lo que viene ahora, con el disco”. Un trabajo que (desde septiembre a la fecha) graban por sus propios medios, con el computador de Felipe, a la velocidad que les permiten sus compromisos con otros grupos y estudios universitarios. “Una mierda”, es como resumen su sentir al respecto”.

La ópera prima aún no tiene nombre, pero no por falta de ideas. En una tocata, sugirieron un concurso para bautizarlo. Una broma que derivó en propuestas por Facebook y gritos entre los temas. “El único que recuerdo es Obedece a la Morsa. Y no le pondría así a nada en mi vida. Me perturba”, rememora Vicky. ¿Influencias a a la hora de grabar? “Fleet Foxes, en cuanto al sonido de la mandolina, no muy fuerte pero siempre presente. Y los Beach Boys. Las canciones más hermosas de la historia”, afirma, por su parte, el compositor.

Aún cuando son una banda joven (y relativamente novel), ya se han visto enfrentados al fenómeno de la categorización. Fue la gente de La Batuta quien primero los clasificó en un flyer como pop naif. “La primera impresión fue, ¿qué es esto? Y la segunda, mucha risa”, dice Cordero. Y claro, no es el único bautizo que han recibido.

Al leer sobre ellos, la palabra indie se repite bastante. A ratos, cruzada con eso que se denomina shúper. Fernando, de frentón, no lo comprende: “¡Si esa hueá no existe! Ser shúper es algo que, en verdad, no es nada”. ¿Y folk? “Una moda. El folclore es una cosa muy distinta al folk, que es muy gringo. Dylan, Cash. Los respeto muchísimo, pero no puedes decir que somos folk. Un poco acústicos, tal vez. Pero también hay cosas eléctricas, y se te acabó la etiqueta”.

Ante la pregunta cliché inminente, se adelantan y responden: “no somos amigos de etiquetas, ojalá no existieran. No sabemos cómo clasificarnos. Son muchas cosas… y a la vez, nada. Una hemorragia de influencias”, afirman entre risas. La intención, claro, es pop accesible, de fácil llegada. “Sería triste tocar sólo para gente que sepa de música”, acotan.

Independiente de su fecha de edición, tienen claro lo que quieren con su debut en largaduración: aportar. Sin importar ventas ni repercusión. Prefieren pensar que son jóvenes, y sus expectativas son acordes al respecto. “Crecer, aprender para la otra. Sentir que no es material que va a quedar botado: que alguien lo va a escuchar, le va a dar vueltas, lo va a remecer y va a decir ‘puta, qué bacán es vivir’. ¡Eso es!”, dicen con una sonrisa. Satisfacción personal, sin importar críticas. “Sería increíble que alguien llegara y nos dijera qué le falta al disco”, dice Juan Fernando. La condición, según su compañera, es una sola: “alguien que se merezca mi respeto, por favor”. Simple y sincera. Como su espíritu, como ellos mismos.

Publicado en Extravaganza! #76, Junio de 2010

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